viernes, 11 de octubre de 2013

Gracias, Alfonso Cuarón



Gracias, Alfonso Cuarón, por Gravity (2013), deliciosa e intensa metáfora de la concepción y de la regeneración tanto a escala mínima y personal como a escala global y humana. El esperma espacial, que es Sandra, el homo novus (o la mulier nova) fecundando la superficie terrestre en destellos de fuego. Una de las imágenes más poderosas que he contemplado en una pantalla de cine en mi vida. Luego el parto, el parto, el nacimiento. Y la renqueante nueva vida, las temblorosas piernas del hombre nuevo, caminando hacia su nueva vida. Le retrotrae a uno a cuando era espermatozoide. A cuando luchó para conquistar el óvulo. Lo que nunca habíamos pensado es que tal vez alguno de esos otros espermatozoides que murieron por el camino, pudo habernos salvado la vida para que llegásemos a buen puerto, como Clooney. O todos los que murieron. Porque tal vez estaba escrito que Sandra, que nosotros, viviríamos. O tal vez es un milagro que lo hagamos.

Esta película insta a aprovechar la vida.

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