martes, 5 de junio de 2012

El nombre del blog

¿Por qué La cicatriz de Yamcha?



Tiene que ver con lo que yo llamo "el buen hacer oriental". En cierto episodio de la celebérrima serie de animación japonesa del maestro Akira Toriyama, Dragon Ball, con motivo de la celebración del tercer torneo de artes marciales al que asistimos con los protagonistas, éstos se reencuentran tras meses de duro entrenamiento en solitario. Todos han sufrido ciertos cambios, por ejemplo Goku ha crecido mucho, pero el más cambiado es Yamcha, que aparece con una enorme cicatriz (de hecho son dos, una en forma de cruz en una mejilla y otra vertical en el ojo) y pelo largo. Nadie nos explica cómo se hizo esa cicatriz, simplemente nos la muestran y dejan que cada uno imagine libremente cómo pudo ser. Y ese detalle que parece tan nimio, el dejar siempre un pequeño hueco para el misterio, el dejar preguntas sin responder intencionadamente, es una técnica muy japonesa, muy de autores de manga y anime. Una técnica que forma parte de la magia que rezuman estas obras del Lejano Oriente. El no mostrar todo, una apuesta por la abstracción, frente a la concreción y explicitud a veces exacerbadas del estilo occidental. El dejar algo sin contar, no por falta de oficio sino por buen gusto, elegancia, intención de generar un cierto misterio y sensación de maravilla. La fe en la idea de que no todo se puede explicar con detalle. El dejar lugar para la abstracción, para que trabajen nuestras neuronas. A veces no hay que hacerse demasiadas preguntas, simplemente hay que maravillarse, claro que para ello el producto que consumimos debe ser mínimamente digno. En este caso, servidor vió la serie con devoción en sus años preadolescentes. Y Yamcha siempre me cayó simpático. En primer lugar, porque al inicio era un libertino, un rebelde, un pirata que vivía libre en el desierto junto con su amigo Puar. En segundo lugar porque se enamoró de Bulma como todos nosotros. En tercer lugar (qué digo en tercer lugar, esta es la más importante) porque era un segundón, pero uno de esos segundones bien paridos, bien diseñados, como el Caballero de Andrómeda en Saint Seiya o Daredevil en el mundillo de los comics de Marvel. Un segundón de lujo. En cuarto lugar porque no era el más fuerte, y demostraba una aceptación de la situación de superioridad de Songoku y compañía que le confieren mucha madurez. También porque recibía como un cosaco, tenía la negra, siempre perdía, incluso fue el primero en morir. En definitiva, porque era un perdedor como la copa de un pino. Perdia todos los combates y perdió hasta a la novia, Bulma. Pero qué fantástico perdedor. Qué pose, qué sonrisa. Y qué cicatriz tan vacilona. Desde aquí le mandamos recuerdos, esté donde esté.

El buen hacer oriental.


2 comentarios:

  1. Bueno, bueno, bueno... después de la conversación del otro día, ver que te has animado a compartir tu sabiduría friki me ha alegrado el día. ¡Muy buena entrada! He disfrutado recordando viejos tiempos leyéndola y sobre todo me has sacado una sonrisa. (yo no quería a Bulma de novia. Yo era Bulma y mi vecino era el vacilón de la cicatriz) jaja. Divina juventud. Muy chulo el nombre de tu blog y desde aquí te animo a seguir con él pa' lante porque sabes que aquí tendrás una fiel seguidora ;) ¡Besitos! Patricia.

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  2. ¡Gracias, Patri, y bienvenida! Supongo que al ver la serie me identificaba con Goku como todo el Mundo, pero con el tiempo vas apreciando más los detalles secundarios.

    ¡Un saludo!

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