miércoles, 15 de mayo de 2013

Cajamurcia/BMN

Hace un par de semanas mi banco me cobró una comisión de 1,5 euros por hacer una TRANSFERENCIA NACIONAL (miserable, además). Me dirigí a la sucursal más cercana del mismo a preguntar la razón del despropósito, esperando escuchar alguna ilustrada lindeza. Pero la chica que había en la caja se quedó boquiabierta cuando se lo conté. Me dijo que no era de ninguna manera normal siendo yo cliente del banco (desde hace tiempo, además, aunque, ¿qué demonios debería importar el tiempo?), así que intentó desde su ordenador eliminar ese cobro de euro y medio cada vez que hiciera una transferencia. Pero me dijo que no estaba segura de si funcionaría, que me dirigiera a la sucursal donde me abrí la cuenta originalmente (Espinardo, Murcia). La falta de tiempo me impidió ir hasta Espinardo a preguntar lo mismo ( y gasto más gasolina en llegar que ese euro y medio dichoso), y esperé a ver si en próximas transferencias se producía el consabido agravio. Acabo de hacer una y se me han vuelto a cobrar 1,5 euros de comisión, en mi propio banco y en una transferencia nacional. Seguidamente voy a ponerme en contacto con la sucursal de Espinardo, por supuesto. Pero todos sabemos muy bien que entre que la gente como yo se da cuenta del atropello, llama a la sucursal, expone el caso y se soluciona (si es que no se le convence a uno de que el cobro de la comisión es normal y que vaya dando las gracias por que no se le flagelen las carnes en público escarnio), el banco se saca unos cuartillos que quedan en sus arcas. De la misma manera en que las compañías telefónicas suben de un mes a otro veinte euros la cuota que tenías contratada con una serie de catastróficas excusas. ¿Es culpa del cliente, que no se preocupa por revisar los detalles de sus cuentas y contratos? Es culpa de las corporaciones que realizan "catas" aleatorias de estafa ya prediseñadas en las oficinas, y que obtienen su rentabilidad en el espacio de tiempo que va desde que el cliente se da cuenta e inicia los trámites para el cambio de compañía hasta que éstos finalizan (en Telefónica, incluso después de cambiarme, estuvieron intentando cobrarme un par de euros mensuales por el alquiler del aparato telefónico, que decían era suyo; lo había comprado yo en una tienda). Es culpa de las corporaciones que prefieren mantener desinformado al cliente. El cliente no es estúpido, son los bancos y grandes corporaciones quienes son demasiado listos. E inmorales.

Todo esto me recuerda poderosamente al estado del pueblo en tiempos del Antiguo Régimen, gravados por impuestos y resignados a la mala praxis de los poderosos. Mismo perro con diferente collar, no me cabe la mínima duda. Seguimos en la Prehistoria Social.


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